Hay dolores que llegan de otras personas. Un rumor que corre por el trabajo, una acusación falsa en la familia, alguien que te trata mal sin que le hayas hecho nada, un vecino o un compañero que te hace la vida difícil. En esos momentos mucha gente abre la Biblia y busca el Salmo 35. Es un salmo de David, tiene 28 versículos y lo escribe alguien que se siente rodeado. Abajo está completo, en la Reina-Valera 1909, y después se explica tramo por tramo, con cuidado especial en sus partes más duras y con una forma sencilla de orarlo hoy.

El Salmo 35 completo

“Salmo de David.”
Salmos 35, título
“Salmo de David. DISPUTA, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. Y saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di á mi alma: Yo soy tu salud. Avergüéncense y confúndanse los que buscan mi alma: vuelvan atrás, y sean avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento; y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino oscuridad y resbaladeros; y el ángel de Jehová los persiga.”
Salmos 35:1-6
“Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa hicieron hoyo para mi alma. Véngale el quebrantamiento que no sepa, y su red que escondió lo prenda: con quebrantamiento en ella caiga. Y gócese mi alma en Jehová; y alégrese en su salud. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?”
Salmos 35:7-10
“Levantáronse testigos falsos; demandáronme lo que no sabía; Volviéronme mal por bien, para abatir á mi alma. Mas yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se revolvía en mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba. Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; juntáronse contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía: despedazábanme, y no cesaban; Con los lisonjeros escarnecedores truhanes, crujiendo sobre mí sus dientes.”
Salmos 35:11-16
“Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Recobra mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones. Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo. No se alegren de mí mis enemigos injustos: ni los que me aborrecen sin causa hagan del ojo. Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. Y ensancharon sobre mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!”
Salmos 35:17-21
“Tú lo has visto, oh Jehová; no calles: Señor, de mí no te alejes. Muévete y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío. Júzgame conforme á tu justicia, Jehová Dios mío; y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Hémoslo devorado! Avergüéncense, y sean confundidos á una los que de mi mal se alegran: vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están á favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia, y de tu loor todo el día.”
Salmos 35:22-28

¿Quién escribió el Salmo 35 y en qué situación?

El título dice 'Salmo de David', y la tradición lo atribuye al rey David. El salmo no dice cuál fue el episodio exacto. Muchos lectores piensan en los años en que Saúl lo perseguía, porque el texto habla de perseguidores, de testigos falsos y de gente que se junta contra él. Conviene decirlo con humildad: es una suposición razonable, y el salmo se lee bien sin necesidad de ponerle fecha.

Lo que sí se ve con claridad es el tipo de salmo. Es un lamento: una oración de alguien que sufre y se la cuenta entera a Dios. Los estudiosos también lo llaman salmo imprecatorio, porque en algunos versículos David pide que sus agresores fracasen y tropiecen. De eso se habla más abajo, porque merece una explicación tranquila.

Una forma útil de leerlo es en tres partes, cada una cerrada con una promesa de alabanza. La primera va de los versículos 1 al 10, la segunda del 11 al 18 y la tercera del 19 al 28. David sufre, pide ayuda y termina agradeciendo antes de ver la respuesta. Si te gustan los salmos donde alguien lleva su angustia a Dios, mira también el Salmo 27 y los salmos más conocidos.

Versículos 1 a 3: pedirle a Dios que pelee por mí

El salmo empieza con una petición directa: 'DISPUTA, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten'. Es lenguaje de tribunal y de campo de batalla al mismo tiempo. David deja la pelea en manos de Dios y le pide que tome su causa.

Los versículos 2 y 3 dibujan a Dios como un guerrero que toma el escudo y la lanza. Es una imagen de otra época, y la idea de fondo es simple: David quiere que Dios se ponga de su lado. La frase más tierna llega al final del versículo 3: 'di á mi alma: Yo soy tu salud'. 'Salud' aquí quiere decir salvación. Lo que más necesita el perseguido es oír que Dios lo sostiene.

Versículos 4 a 8: ¿cómo entender los pedidos duros?

Este es el tramo que más incomoda. David pide que los que lo buscan sean avergonzados, que sean 'como el tamo delante del viento' (el tamo es la paja liviana que vuela), que su camino sea 'oscuridad y resbaladeros'. Y en el versículo 8 pide que la red que ellos escondieron los atrape a ellos. Un lector de hoy puede preguntarse si eso es lo que Dios quiere que oremos.

Ayuda mirar tres cosas. Primera: la razón que da David en el versículo 7, 'sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa hicieron hoyo para mi alma'. Los que lo atacan trabajaron en secreto para hacerle daño, y él no les hizo nada. Segunda: el lenguaje. Los salmos hablan con imágenes fuertes, y así expresaban los israelitas el deseo de que la injusticia terminara. Tercera, y la más importante: a quién se lo dice. David lleva su enojo a Dios y le deja la respuesta.

Esa es la clave para leer todos los salmos que piden justicia. La rabia existe, y el salmista la pone en palabras delante de Dios. Ahí queda depositada, y Dios decide qué hacer con ella. Jesús después enseñó a amar a los enemigos y a orar por quienes nos persiguen, y el apóstol Pablo escribió que dejemos la venganza en manos de Dios (Romanos 12:19). Los cristianos leen estos salmos junto con esas enseñanzas. La lectura sana usa el salmo para desahogarse con Dios y luego camina hacia el perdón, con la justicia confiada a él.

Versículos 9 y 10: la alegría llega antes de la respuesta

En medio del lamento aparece un respiro: 'Y gócese mi alma en Jehová; y alégrese en su salud'. Todavía no pasó nada, los enemigos siguen ahí, y David ya está cantando. Lo que lo alegra es Dios mismo.

El versículo 10 es uno de los más bellos del salmo: 'Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?'. La alabanza le sale del cuerpo entero, hasta de los huesos. Y David describe a Dios con un rasgo que se repite en toda la Biblia: defiende al que tiene menos fuerza.

Versículos 11 a 16: testigos falsos y una amistad mal pagada

Aquí el salmo se vuelve muy personal. 'Levantáronse testigos falsos; demandáronme lo que no sabía'. Cualquiera que haya sido acusado de algo que no hizo conoce esa sensación: te piden explicaciones de cosas de las que ni te enteraste. El versículo 12 lo resume con una frase dura: 'Volviéronme mal por bien'.

Lo que sigue es lo más humano del salmo. David cuenta cómo trató a esas mismas personas cuando ellas estaban mal: 'me vestí de saco; afligí con ayuno mi alma'. El saco era la ropa de luto. Cuando enfermaron, David lloró y oró por ellos como por un hermano o por una madre. Luego, cuando él tropezó, ellos se alegraron y se juntaron contra él. Este tramo muestra el dolor más difícil de todos, el de la traición de gente a la que uno cuidó.

Fíjate en un detalle. David ya oraba por sus enemigos cuando estaban enfermos, mucho antes de escribir los versículos duros. El salmo entero nace de alguien que hizo el bien y recibió mal. Por eso su pedido de justicia suena a herida abierta.

Versículos 17 y 18: ¿hasta cuándo, Señor?

Aquí aparece la pregunta que muchos hacen en voz baja: 'Señor, ¿hasta cuándo verás esto?'. Es una queja hecha con respeto. La Biblia da lugar a esa pregunta; los salmos están llenos de ella. David pide que Dios rescate su alma y usa una imagen fuerte: 'mi única de los leones'. Su vida, su única vida, está en peligro, y quiere que Dios la ponga a salvo.

Y otra vez, antes de recibir respuesta, promete agradecer: 'Te confesaré en grande congregación'. David ya se ve dando gracias en público, frente a mucha gente. Es su forma de decir que confía en cómo va a terminar.

Versículos 19 a 25: la burla, el silencio de Dios y el pedido de justicia

Los versículos 19 a 21 describen una escena que hoy conocemos bien: la burla. Los que lo odian 'sin causa' le hacen gestos, hablan de él con engaños y dicen '¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!'. Es el chisme, el cuchicheo, la risa a espaldas. El versículo 20 dice que 'no hablan paz', y esa frase resume a las personas que solo traen conflicto.

Entonces David le habla a Dios con una confianza sorprendente: 'Tú lo has visto, oh Jehová; no calles: Señor, de mí no te alejes'. Le pide dos cosas, que no calle y que no se aleje. Todos hemos sentido a veces ese silencio de Dios. David lo dice en voz alta, sin miedo, y el hecho de que esta oración esté en la Biblia nos da permiso a nosotros también.

El versículo 23 es el centro de la súplica: 'Muévete y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío'. Y el 24 pide un juicio justo, uno que se base en la justicia de Dios, sea cual sea la opinión de la gente: 'Júzgame conforme á tu justicia'. Es importante notar esta frase. David acepta ser juzgado. Se pone bajo la mirada de Dios, que ve todo, y por eso puede pedir justicia con la frente alta.

Versículos 26 a 28: el final que se vuelve alabanza

El salmo termina con una última petición para los que se alegran del mal de David, que se avergüencen. El final se abre enseguida hacia los que lo apoyan: 'Canten y alégrense los que están á favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, que ama la paz de su siervo'.

Esa frase final es una perla. Dios 'ama la paz de su siervo'. Quiere que su hijo esté bien y en paz. Y el último versículo cierra con una promesa personal: 'Y mi lengua hablará de tu justicia, y de tu loor todo el día'. David empezó con guerra y termina con canto. Ese recorrido es lo que el salmo enseña a hacer con el dolor.

Resumen del Salmo 35: trecho, pedido y versículo clave

TrechoQué le pide David a DiosVersículo clave
Versículos 1-3Que tome su causa y le asegure que es su salvaciónVersículo 3: 'Yo soy tu salud'
Versículos 4-8Que los que traman el mal no tengan éxitoVersículo 7: 'sin causa escondieron para mí su red'
Versículos 9-10Alegrarse en Dios antes de ver la respuestaVersículo 10: '¿quién como tú, que libras al afligido?'
Versículos 11-16Que vea la injusticia y la traiciónVersículo 12: 'Volviéronme mal por bien'
Versículos 17-18Que lo rescate y no tardeVersículo 17: 'Señor, ¿hasta cuándo verás esto?'
Versículos 19-25Que no calle y lo juzgue con justiciaVersículo 23: 'Muévete y despierta para mi juicio'
Versículos 26-28Que la alabanza tenga la última palabraVersículo 28: 'mi lengua hablará de tu justicia'

¿Cómo orar con el Salmo 35 hoy?

Este salmo se puede orar cuando la situación es real: una calumnia, una acusación injusta, una persecución en el trabajo o el colegio, una traición. Una manera sana de hacerlo es seguir el camino que sigue el propio David. Se puede resumir en cinco pasos:

  1. 01Cuéntale a Dios lo que pasó, con detalles y con tus palabras. David lo hace en los versículos 11 a 16. Decirlo en voz alta ordena la cabeza.
  2. 02Pídele que tome tu causa, con el versículo 1: 'Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden'. Ya no cargas solo con la pelea.
  3. 03Escucha lo que quieres oír de él. El versículo 3 pide que Dios le diga al alma: 'Yo soy tu salud'. Quédate unos minutos en silencio, con esa frase.
  4. 04Entrega la justicia. Pide que la verdad salga a la luz y deja el resultado en manos de Dios. Ora también por la persona que te hirió, aunque cueste. Si el enojo es grande, dilo tal cual, como hace David, y pídele a Dios ayuda para no actuar por rabia.
  5. 05Cierra con alabanza, como los versículos 9, 18 y 28. Da gracias por algo concreto de hoy, aunque el problema siga.

Una oración corta, en lenguaje de todos los días: 'Señor, me duele lo que dijeron de mí y lo que me hicieron. Tú lo has visto. Toma mi causa, defiéndeme y no te alejes. Sáname la rabia, y no dejes que yo devuelva mal por mal. Dile a mi alma que tú eres mi salvación. Dejo la justicia en tus manos y te alabo por adelantado. Amén'.

El Salmo 35 hoy: situaciones y por dónde empezar

SituaciónPor dónde empezar en el salmoQué hacer además
Una acusación falsa en el trabajoVersículos 11 y 24: pedir un juicio justoGuardar pruebas, hablar con quien corresponda
Un chisme que corre por la familia o la iglesiaVersículos 19 a 22: 'no calles'Hablar con una persona madura de confianza
Una traición de alguien a quien ayudasteVersículos 12 a 14Llorar con calma, sin apurar el perdón
Miedo por una amenaza realVersículos 1 a 3 y 17Buscar protección y ayuda de las autoridades
Rabia que no se vaVersículos 4 a 8, dichos tal cual a DiosHablar con un consejero o psicólogo si dura semanas

¿Es el Salmo 35 una oración contra los enemigos?

Muchos buscan el Salmo 35 como 'oración contra los enemigos'. Es comprensible: alguien que sufre quiere protección. Conviene aclarar el sentido. Sus palabras funcionan como una conversación con Dios, y ninguna hace de amuleto. Es la oración de una persona herida que le entrega su caso a Dios y le pide que actúe con justicia. Orado de esa forma, trae paz. Usarlo para desearle daño a alguien lo aleja de lo que el salmo dice.

Si lo que buscas es protección, la Biblia tiene otros textos muy claros. El Salmo 91 habla del refugio bajo el cuidado de Dios, y los versículos de protección reúnen promesas para cada situación. Si el miedo es lo que más pesa, los versículos sobre el miedo y la oración para la ansiedad ayudan a calmar el corazón.

Salmo 35 y Salmo 37: dos respuestas a la injusticia

Los dos salmos son de David y los dos hablan de gente que hace mal. El Salmo 35 es un grito: el perseguido le pide a Dios que actúe ya. El Salmo 37 es un consejo sereno: no te impacientes, confía y espera. Se leen bien juntos. Uno da permiso para gritar, el otro enseña a descansar. En un mismo día difícil, una persona puede necesitar primero uno y después el otro.

¿Qué leer después del Salmo 35?

Si este salmo te acompañó, puedes seguir con el Salmo 34, donde David cuenta cómo Dios lo libró de sus angustias, y con el Salmo 23, donde el pastor cuida hasta en el valle más oscuro. Para momentos de agitación, los versículos de paz dan frases cortas para repetir durante el día.