Pocas historias de la Biblia se conocen tanto como esta. Un padre, dos hijos, una herencia, una fiesta. La cuenta Jesús en el evangelio de Lucas, y cabe en veintidós versículos que se leen en cuatro minutos. Sin embargo, personas de todas las edades vuelven a ella cada vez que se sienten lejos de casa, o cansadas de esperar en casa.

En este artículo encontrarán el texto completo en la versión Reina-Valera 1909, el motivo por el que Jesús la contó, una explicación escena por escena y dos tablas para tenerlo todo claro. Al final hay una pregunta personal y una oración corta. Si buscan también otros pasajes sobre el tema, tenemos una lista de versículos sobre el perdón.

¿De qué trata la parábola del hijo pródigo?

Trata de un joven que pide la parte de la herencia que le tocaría, se va a un país lejano y lo gasta todo. Llega el hambre, acaba cuidando cerdos y decide volver a la casa de su padre para pedir trabajo como jornalero. El padre lo ve venir de lejos, corre, lo abraza y organiza una fiesta. El hermano mayor, que nunca se fue, se enoja y no quiere entrar. Jesús termina la historia con el padre rogándole que pase.

La palabra “pródigo” significa que gasta de más y sin medida. Por eso al hijo menor se le llama así. Muchos estudiosos prefieren hablar de la parábola del padre misericordioso, porque el personaje que más actúa en la segunda mitad es el padre.

¿A quién le contó Jesús esta parábola?

Para entenderla bien hay que leer el principio del capítulo. Lucas 15 abre con una escena de tensión. Por un lado, personas que la sociedad miraba con desprecio se acercan a Jesús. Por el otro, los maestros de la ley lo critican por eso.

“Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come. Y él les propuso esta parábola, diciendo:”
Lucas 15:1-3

Jesús responde con tres historias seguidas. En las dos primeras, algo se pierde, alguien lo busca hasta encontrarlo y hay una fiesta al final. Después de cada una, Jesús explica el sentido:

“Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.”
Lucas 15:7

Con la moneda pasa lo mismo, y el cierre dice: “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”. Ese cierre nos dice mucho: cada vez que alguien vuelve, el cielo celebra. La tercera parábola, la del hijo perdido, es la más larga y la más humana, y es la que muchos llaman “el hijo pródigo”.

ParábolaQué se pierdeQuién buscaCómo terminaVersículos
La oveja perdidaUna oveja de cienEl pastor, que deja las noventa y nueveFiesta con amigos y vecinosLucas 15:4-7
La moneda perdidaUna moneda de diezLa mujer, que enciende una lámpara y barre la casaFiesta con amigas y vecinasLucas 15:8-10
El hijo perdidoUn hijo de dosEl padre, que lo espera y sale a su encuentroFiesta con música y baile, y un hermano mayor afueraLucas 15:11-32

Fíjense en algo. En las tres historias, el que se pierde vale mucho para quien lo pierde. Y en las tres, la alegría de encontrarlo es grande. Los fariseos criticaban a Jesús por sentarse a comer con pecadores. Jesús les contesta con tres cuadros donde comer y celebrar con el que vuelve es lo más natural del mundo.

La parábola completa: Lucas 15:11-32 (Reina-Valera 1909)

Aquí está el texto entero, tal como aparece en la Reina-Valera 1909, que es de dominio público. Lo dividimos en cinco tramos para leerlo con calma. La ortografía antigua (“á”, “fué”) se respeta tal cual.

“Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar. Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos. Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.”
Lucas 15:11-16
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.”
Lucas 15:17-19
“Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.”
Lucas 15:20-24
“Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello. Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.”
Lucas 15:25-28
“Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.”
Lucas 15:29-32

Explicación de la parábola, escena por escena

Escena 1: el pedido y la partida (Lucas 15:11-13)

El hijo menor le dice a su padre: dame la parte que me toca. Según la ley de Moisés (Deuteronomio 21:17), el hijo mayor recibía doble porción. Con dos hijos, al menor le correspondía un tercio de los bienes. Lo raro está en el momento del pedido: el padre estaba vivo. Hacer ese pedido en vida era muy poco común y resultaba doloroso para cualquier familia.

El padre no discute. Reparte la hacienda. Ese gesto ya dice algo del carácter del padre: deja que su hijo elija, aunque sabe que puede salir mal. A los pocos días el joven junta todo y se va “á una provincia apartada”. Allí desperdicia su dinero “viviendo perdidamente”.

Escena 2: el hambre y los cerdos (Lucas 15:14-16)

Cuando se le acaba el dinero llega una hambruna. Nadie lo ayuda. Consigue trabajo con un ciudadano de esa tierra, que lo manda a cuidar cerdos. Para un israelita, los cerdos eran animales impuros (Levítico 11:7), así que ese trabajo era lo más bajo que un joven judío podía hacer. Jesús pinta un cuadro completo: el joven tiene tanta hambre que desea comer las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las da.

Este es el punto más bajo de la historia. Ya no tiene dinero, ni amigos, ni comida, ni casa. Y es justo aquí donde ocurre el cambio.

Escena 3: “volviendo en sí” (Lucas 15:17-19)

El texto dice que “volviendo en sí” el joven piensa en la casa de su padre. Recuerda que hasta los jornaleros comen pan en abundancia allá. Decide levantarse e ir. Ensaya un discurso: reconocer que pecó contra el cielo y contra su padre, aceptar que ya no merece ser llamado hijo y pedir que lo trate como a un jornalero.

Este discurso es muy humano. Cuando alguien vuelve después de fallar, suele llevar preparadas sus frases. El joven no pide volver a ser hijo. Se conforma con un lugar de empleado. Jesús no explica si su arrepentimiento era perfecto o mezclado con hambre. Lo que sí cuenta es que se levantó y volvió.

Escena 4: el padre corre (Lucas 15:20-24)

Esta es la escena central. “Y como aun estuviese lejos, viólo su padre”. Eso quiere decir que el padre estaba mirando el camino. Y en lugar de esperar con los brazos cruzados, “fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle”. Muchos estudiosos señalan que un hombre mayor corriendo por el camino no era una imagen habitual en aquel tiempo. Jesús la elige a propósito.

El hijo empieza su discurso, pero no llega al final. En el versículo 21 dice que pecó y que ya no es digno de ser llamado hijo. La parte de “hazme como á uno de tus jornaleros” ya no aparece: el padre lo interrumpe con órdenes a los siervos. Trae el mejor vestido, un anillo y zapatos, mata el becerro gordo y prepara una fiesta. Sus palabras resumen todo: “este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado”.

Escena 5: el hermano mayor (Lucas 15:25-32)

Aquí la historia da un giro que muchos lectores olvidan. El hijo mayor vuelve del campo, oye la música y pregunta qué pasa. Se entera de que su hermano volvió y de que su padre mató el becerro gordo. Se enoja y no quiere entrar. El padre, otra vez, sale. Antes había salido al camino para recibir al menor. Ahora sale a la puerta para rogarle al mayor.

El mayor tiene sus razones, y las dice con franqueza: años de trabajo, obediencia y ni un cabrito para celebrar con amigos. Fíjense en cómo habla. Dice “éste tu hijo”, sin decir “mi hermano”. El padre le responde con otra palabra: “este tu hermano”. Le recuerda que todo lo suyo también es del mayor, y que había que hacer fiesta.

Jesús no cuenta si el hermano mayor entró. Deja el final abierto. Los fariseos que lo escuchaban eran justamente el hermano mayor de la historia, y la puerta de la fiesta quedaba abierta también para ellos.

¿Quiénes son los tres personajes y qué enseña cada uno?

La parábola tiene tres personajes principales. Esta tabla resume qué hace cada uno, qué siente según el texto y qué podemos aprender.

PersonajeQué haceQué sienteQué enseña
El hijo menorPide la herencia, se va, la malgasta, pasa hambre, vuelveImpaciencia al principio, vergüenza y hambre después, esperanza al volverSe puede volver. El primer paso es levantarse e ir
El padreReparte los bienes, espera, ve de lejos, corre, abraza, viste, festeja y sale a rogar al mayorCompasión (“movido á misericordia”) y alegríaDios recibe al que vuelve y sale a buscar también al que se queda afuera
El hijo mayorTrabaja en el campo, se entera de la fiesta, se enoja, no entra y reclamaEnojo, comparación y sensación de injusticiaSe puede estar en casa y lejos del corazón del padre. La alegría del padre también es para él

¿Qué costumbres de la época ayudan a entender la parábola?

Algunos detalles del relato se entienden mejor conociendo cómo vivía la gente entonces. Esta tabla incluye solo lo que la mayoría de los estudiosos acepta. Donde hay duda, lo decimos.

DetalleQué dice el textoCómo se entiende en su épocaQué transmite hoy
Pedir la herencia en vida“Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece”La herencia se recibía normalmente cuando el padre moría. Pedirla antes era inusual y dolíaUna petición que rompía la confianza, y aun así el padre la respeta
Cuidar cerdosLo mandan “á su hacienda para que apacentase los puercos”El cerdo era animal impuro para los israelitas (Levítico 11:7). Era el trabajo más bajo posibleTocar fondo, del todo
Comer algarrobasDeseaba comer lo que comían los puercosLas algarrobas eran comida de animales. Comerlas mostraba una pobreza extremaNadie le daba nada: estaba solo
El mejor vestido“Sacad el principal vestido, y vestidle”Un vestido de honor, el que se daba a un invitado importanteEl padre lo restituye como hijo, en público
El anillo“poned un anillo en su mano”Un anillo podía servir de sello para firmar. Dar el anillo era dar confianza y autoridad, como en Génesis 41:42Recupera su lugar en la familia
Las sandalias“y zapatos en sus pies”Los siervos solían andar descalzos. Las sandalias marcaban a una persona libreEs hijo
El becerro gordo“Traed el becerro grueso, y matadlo”Se reservaba para ocasiones especiales, y su carne alcanzaba para muchos invitadosUna fiesta de toda la comunidad
Música y danzasEl hermano oye “la sinfonía y las danzas”Las fiestas de una casa importante tenían música y baileLa alegría del padre es visible y ruidosa

¿Con cuál de los tres personajes me parezco hoy?

Leer esta parábola con honestidad significa preguntarse con quién nos identificamos. Cambiamos de personaje según la etapa de la vida. Estas preguntas pueden ayudar.

Si me siento como el hijo menor

Quizás se fueron de la fe, de la familia o de una relación con Dios. Quizás gastaron años, dinero o salud en cosas que no dieron lo que prometían. Puede que sientan vergüenza. La parábola muestra que el camino de vuelta empieza con una decisión sencilla: levantarse. Y que el padre está mirando el camino. El Salmo 51 es una oración de David cuando volvió a Dios después de un error grave. Pueden leerlo despacio, con esas palabras propias.

Si me siento como el hijo mayor

Quizás llevan años cumpliendo, sirviendo en la iglesia, cuidando a la familia, y sienten que nadie lo nota. Cuando alguien que falló recibe cariño, algo por dentro protesta. Es una reacción humana, y el padre no la regaña. Sale y les habla con ternura: todo lo mío es tuyo. La invitación es a entrar a la fiesta y alegrarse por el hermano.

Si me siento como el padre

Quizás esperan a un hijo, una hija o un familiar que se fue. La parábola no dice cuándo va a volver. Muestra cómo esperar: con la puerta abierta, sin reproches guardados y con la mirada en el camino. Oren por ellos con calma. Si quieren una oración concreta, hay una oración por los hijos que pueden usar.

Una oración corta para volver a casa

No hace falta un discurso ensayado como el del hijo menor. Estas palabras sencillas sirven para empezar. Léanlas despacio, o díganlas con sus propias palabras.

¿Qué más leer para seguir el tema?

Si esta parábola les habló, hay otros textos que conversan con ella. El Salmo 103 dice en el versículo 13 que Dios se compadece de sus hijos como un padre. La oración que Jesús enseñó comienza con la palabra “Padre”, y la explicamos en el Padre Nuestro explicado. Y para los días en que cuesta creer que se puede volver a empezar, reunimos versículos de esperanza.

Una última idea. Lucas 15 tiene tres parábolas para que nadie se pierda la más importante: a Dios le importa quien se pierde, y lo busca, y celebra cuando lo encuentra. Ustedes pueden leer los treinta y dos versículos del capítulo hoy mismo, uno por día si prefieren, y notar en cuál escena se detienen.