'Tú me escudriñas y me conoces' terminó en tatuajes, cuadros de cuarto de bebé y pies de foto de ecografía — casi siempre cortado mucho antes de llegar a la mitad del salmo. Poca gente que graba ese versículo en la piel sabe que, unos versículos después de esa misma promesa de intimidad, el mismo poeta pide a Dios que mate a los impíos y declara odiar a los enemigos 'con perfecto odio'. No es un error de copia ni un segundo autor entrando a mitad de texto: es el mismo Salmo 139, completo, con la parte más citada y la parte que casi nadie publica junto a ella. Abajo está el salmo entero — puedes leerlo directo, o escucharlo narrado mientras sigues el texto — y después, tramo por tramo, lo que cada parte dice de verdad, incluida la estrofa que la mayoría de los resúmenes evita mostrar.

El Salmo 139 completo

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos. Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla.
Salmos 139:1-6
¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante á mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Salmos 139:7-12
Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce mucho. No fué encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fuí formado, y compaginado en lo más bajo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas! Si los cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aun estoy contigo.
Salmos 139:13-18
De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos pues de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti: tus enemigos toman en vano tu nombre. ¿No tengo en odio, oh Jehová, á los que te aborrecen, y me conmuevo contra tus enemigos? Aborrézcolos con perfecto odio; téngolos por enemigos.
Salmos 139:19-22
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.
Salmos 139:23-24

El texto anterior sigue la traducción Reina Valera 1909, de dominio público, con los mayúsculas arcaicos del original normalizados para facilitar la lectura.

Quién escribió el Salmo 139 — lo que dice la atribución a David, y lo que queda abierto

El título hebreo del Salmo 139 es corto, sin episodio anexado como pasa en el Salmo 34: 'Al Músico principal: Salmo de David' — una indicación de autoría y, al mismo tiempo, una instrucción litúrgica, dirigida a quien dirigía el canto en el templo. La preposición hebrea detrás de 'de David' es ambigua por naturaleza, y aparece delante de buena parte de los títulos de los Salmos: puede indicar autoría directa, dedicación a David, un poema escrito al estilo davídico, o la colección de un grupo de salmos ligado a la tradición del rey. No es una firma en el sentido moderno, es un encabezado editorial antiguo, y no hay forma de confirmar con certeza cuál de esas lecturas es la correcta para este salmo en particular.

Un segundo punto pide honestidad en vez de comodidad fácil: el hebreo del Salmo 139 trae vocabulario poco común, con palabras raras y algunas formas que recuerdan al arameo, la lengua que se volvería dominante en Israel mucho después de la época tradicionalmente atribuida a David. Un grupo de estudiosos usa ese detalle como argumento para fechar el texto en un período más tardío de la historia de Israel; otro grupo responde que el hebreo poético, en cualquier época, puede producir vocabulario poco común, sin que eso tenga que apuntar a una fecha posterior. No existe consenso cerrado sobre este punto entre los especialistas, y es más honesto decírselo al lector que fingir una certeza que la erudición bíblica no tiene. Lo que el propio título afirma, sin ambigüedad, es que el salmo llegó hasta nosotros ligado al nombre de David, dentro de la misma tradición que conserva los otros textos atribuidos a él.

Salmos 139:1-6 — la omnisciencia: nada en mí escapa a tu conocimiento

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos.
Salmos 139:1-3

El salmo abre con dos verbos que funcionan como marco para el resto del poema: 'examinado' y 'conocido'. No es un Dios que observa desde lejos, a la distancia segura de quien vigila sin involucrarse — es un conocimiento que cubre el gesto más simple del día, sentarse y levantarse, y el pensamiento que todavía no se ha convertido en palabra. El versículo 3 usa la imagen de rodear: 'mi senda y mi acostarme has rodeado', como quien camina alrededor de alguien sin dejar ningún lado descubierto. El versículo 6 cierra esta primera estrofa con una confesión de límite: ese tipo de conocimiento es 'más maravilloso' que la propia capacidad del salmista para comprenderlo — el texto no intenta explicar cómo Dios sabe todo eso, solo admite que la idea sobrepasa la capacidad humana de entenderla por completo.

Salmos 139:7-12 — la omnipresencia: 'si subiere á los cielos... si en abismo hiciere mi estrado'

¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.
Salmos 139:7-8

La segunda estrofa cambia de tono: después de describir un conocimiento que lo alcanza todo, el salmista prueba si existe algún lugar donde ese conocimiento no llegaría — y la respuesta es no, en ninguna dirección. 'Abismo', en esta traducción, es la palabra usada para el lugar de los muertos en el pensamiento del Antiguo Testamento — el Seol hebreo —, no exactamente el infierno de la teología cristiana posterior, sino la morada general de quien ha muerto, sea bueno o malo. Decir que Dios está presente hasta en el abismo es decir que ni la muerte marca el límite de esa presencia. Los versículos siguientes amplían la prueba al espacio físico: 'las alas del alba' describen la luz del sol extendiéndose rápido por el horizonte al amanecer, y 'el extremo de la mar' apunta al punto más lejano que alguien del mundo antiguo podía imaginar viajando. Aun allí, la mano de Dios guía y sostiene. El bloque termina probando la oscuridad como último escondite posible, y la respuesta deshace también esa idea: 'la noche resplandece como el día' a los ojos de Dios.

Salmos 139:13-18 — 'cubrísteme en el vientre de mi madre'

Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce mucho. No fué encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fuí formado, y compaginado en lo más bajo de la tierra.
Salmos 139:13-15

La tercera estrofa cambia de tiempo verbal y de asunto: después de describir un conocimiento presente y una presencia sin fronteras, el salmo vuelve al inicio de la propia existencia del salmista. La imagen detrás de 'compaginado en lo más bajo de la tierra' es de tejido — algo entrelazado hilo a hilo, como un bordado hecho en secreto, lejos de cualquier mirada que pudiera ver el proceso. 'Lo más bajo de la tierra', en esa misma línea, no describe un lugar geográfico literal; es una expresión poética hebrea para lo que está escondido, oculto de la vista común, comparando el vientre materno con un lugar tan secreto como el interior de la tierra. El versículo 16 añade otra capa: el cuerpo aún sin forma ya estaba escrito en el libro de Dios, con los días determinados antes de que existiera ninguno de ellos — una forma de decir que el conocimiento de Dios sobre esa persona no empezó en el nacimiento, ni en la formación del cuerpo, sino antes de eso. Es un pasaje que muchas familias leen en las paredes del cuarto del bebé y en tarjetas de baby shower, y que otras tantas sostienen, con un peso distinto, después de una pérdida gestacional — los dos usos nacen del mismo texto, que habla de ser conocido y formado por Dios incluso antes de nacer.

Los versículos 17 y 18 cierran la estrofa volviendo al tono de admiración del inicio del salmo: los pensamientos de Dios, para quien los contara, serían 'más que la arena' — otra forma hebrea de decir 'incontables'. La última línea del bloque, 'despierto, y aun estoy contigo', extiende la presencia descrita en la estrofa anterior también al sueño: no hay intervalo, ni siquiera durante la noche, en que esa compañía se interrumpa.

Salmos 139:19-22 — la estrofa que los resúmenes se saltan

De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos pues de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti: tus enemigos toman en vano tu nombre. ¿No tengo en odio, oh Jehová, á los que te aborrecen? Aborrézcolos con perfecto odio; téngolos por enemigos.
Salmos 139:19-22

Después de tres estrofas sobre intimidad, presencia y formación cuidadosa, el salmo gira de golpe hacia una petición de muerte contra los impíos y una declaración de odio 'perfecto'. No es un pasaje aislado ni una rareza del Salmo 139: este tipo de lenguaje aparece en varios otros salmos, reunidos por los estudiosos bajo el nombre de salmos imprecatorios, poemas que piden abiertamente el castigo de los enemigos de Dios. El contexto importa aquí: el versículo 20 identifica quiénes son esos 'enemigos' — no son rivales personales del salmista por cualquier motivo, son personas que 'dicen blasfemias' contra Dios y toman su nombre en vano, es decir, el blanco declarado del odio es quien se opone abiertamente a Dios, no quien simplemente disgustó al salmista en algún asunto cualquiera.

Salmos 139:23-24 — 'examíname, oh Dios': el salmo cierra volviendo a donde empezó

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.
Salmos 139:23-24

Los dos versículos finales repiten casi palabra por palabra el par de verbos que abrió el salmo: 'examíname' y 'conoce' vuelven a aparecer, ahora como petición en vez de afirmación. Es una estructura circular que muchos comentaristas señalan en este poema — el mismo escrutinio total descrito en las primeras seis líneas vuelve al final, pero esta vez convocado por el propio salmista, justo después de declarar odio perfecto hacia los enemigos de Dios. Leer los dos bloques en secuencia sugiere un movimiento deliberado: quien acaba de admitir una emoción tan fuerte como el odio pide, inmediatamente después, ser examinado por dentro — como si estuviera comprobando que esa misma rabia no escondiera algún 'camino de perversidad' propio, algo que necesitara corregirse antes de seguir adelante. El salmo termina pidiendo dirección, no confirmación: 'guíame en el camino eterno' cierra el poema devolviendo a Dios la misma autoridad sobre el salmista que las primeras líneas ya habían descrito.

Lo que el Salmo 139 promete — y lo que no promete

El salmo entero no promete comodidad fácil ni una vida sin tensión interna. Describe un conocimiento de Dios que cubre cada pensamiento, alcanza cualquier lugar, formó el cuerpo antes del nacimiento — y convive, en el mismo poema, con rabia declarada y petición de juicio contra quien se opone a Dios. Lo que queda claro de principio a fin es la dirección del movimiento: el salmista no esconde nada de lo que siente, ni la admiración, ni la incomodidad de ser conocido tan por completo, ni la furia contra la maldad ajena — lo lleva todo, sin editar, dentro de la conversación con Dios, y termina pidiendo ser examinado también él.

Cuándo la gente busca este salmo

El Salmo 139 aparece con fuerza en al menos tres momentos distintos. El primero es la búsqueda de identidad — los versículos iniciales, sobre ser completamente conocido en cada pensamiento y cada camino, funcionan como respuesta directa para quien duda de su propio valor o se siente reducido a una etiqueta. El segundo es la soledad, sobre todo la más aguda: los versículos 7 a 12, sobre no haber lugar donde esa presencia no llegue, incluido el abismo, suelen leerlos personas que se sienten demasiado aisladas como para ser alcanzadas por nada, ni siquiera por Dios. El tercero es el embarazo y, con un peso distinto, el duelo perinatal — los versículos 13 a 16, sobre ser tejido en el vientre antes de tener cualquier forma reconocible, aparecen tanto en celebraciones de gestación como en momentos de pérdida, y merecen leerse con el mismo cuidado en los dos contextos, sin convertir un texto sobre ser conocido por Dios en munición para debates que el propio salmo no libra.

Manteniéndolo todo junto

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